Mattia
Italy · 6 months
Decidir convertirme en voluntario con Sembradores Paz y Esperanza fue una de las decisiones más importantes de mi vida. Llegué a Colombia, un país que me enseñó mucho sobre la resiliencia, pero también sobre lo difícil que puede ser acceder a oportunidades y apoyo. Cuando conocí la fundación, entendí que era el momento de hacer algo concreto, de ofrecer amor y esperanza a quienes realmente lo necesitaban. Como voluntario participé en distintas actividades, incluyendo apoyo a niños con sus tareas, organización de juegos educativos y acompañamiento en actividades culturales.
Uno de los aspectos que más satisfacción me dio fue enseñar fotografía a los niños. Tuve la oportunidad de compartir con ellos la belleza de capturar momentos especiales, de mirar el mundo a través del lente de una cámara. Cada vez que un niño lograba tomar una foto significativa, era como si estuviera viendo el mundo con ojos nuevos.
Hice voluntariado durante 6 meses, trabajando todos los días con el equipo. Cada momento en la fundación me enriqueció y me hizo entender lo importante que puede ser cada pequeño gesto. Durante esta experiencia aproveché mis conocimientos de español y también desarrollé nuevas habilidades, especialmente en comunicación intercultural. Pero lo que más me enseñó fue aprender a entregar de verdad el corazón y servir a los demás, especialmente enseñando fotografía, algo que me permitió estimular la creatividad de los niños y acercarlos al arte visual.
Esta experiencia me enseñó mucho sobre lo que realmente es el amor. Un amor puro y desinteresado que no pedía nada a cambio, sino que daba desde el corazón. Aprendí a entender que el amor no es solo un sentimiento, sino una acción, un compromiso diario. También mejoré mi español, pero lo que más me enriqueció fue aprender valores humanos profundos.
Esta experiencia me cambió profundamente. Ya no era la misma persona que había llegado a Colombia. Vi los rostros de los niños, escuché sus historias, conocí los sueños que tenían y fui testigo de su valentía y su esperanza. A cambio, ellos me enseñaron lo que realmente significa amar, tal como Sara, Jenny, Diego y cada niño de la fundación me lo mostraron cada día. El amor que recibí de ellos tocó mi alma de una manera que nunca imaginé.
Vi un cambio importante en los rostros de los niños. Más confianza en sí mismos, esperanza en un futuro mejor y la conciencia de que había personas dispuestas a ayudarles. Cada sonrisa que recibía de vuelta por mi esfuerzo me hacía entender que nuestro trabajo sí estaba marcando una diferencia. La comunidad se volvió más fuerte, más unida, y yo esperaba que, con nuestra ayuda, cada joven pudiera creer más en sí mismo.
A cualquiera que estuviera pensando en hacerse voluntario, le diría: no lo dudes. Esta experiencia no solo cambió la vida de las personas a las que ayudé, también cambió la mía. Convertirme en voluntario significó descubrir el verdadero sentido de la solidaridad y del amor. Cada pequeña acción podía tener un impacto enorme. Los invitaría a unirse a nosotros, y juntos podríamos marcar una diferencia.